IMPORTANCIA
Los años de desorganización, que podemos clasificar como
el retroceso del Estado en sus funciones específicas, imprescindibles
e irremplazables por la actividad privada, provocó en general
la presencia de un Estado ausente.
Migraciones no fue ajena a este cuadro de situación, desaparecieron
las políticas migratorias, su actividad se minimizó a
los controles de ingreso y egreso, función que gradualmente desapareció
para ser virtual, el organismo vivió sólo para si mismo.
Predominó un criterio meramente expulsivo de las migraciones,
que solo sirvió para tener a los ciudadanos extranjeros habitando
en el país como indocumentados.
Migraciones fue una “fabrica de irregulares”.
Una importante franja de habitantes, sin causa racional alguna, fueron
condenados a la marginalidad, se les impidió obtener trabajos
en blanco, no podían acceder a los beneficios de la seguridad
social, no podían ser sujetos de créditos no tenían
acceso a una vivienda digna.
Todas sus actividades, necesariamente, debían ser irregulares.
Su inexistencia jurídica los hacia víctimas de todo tipo
de delitos, recorriendo las sentencias judiciales podemos advertir que
terminaban siendo condenados como autor o como partícipe necesario.
En muchos de ellos la situación se agravaba por razones de sexo
o de edad.
Por su situación de marginalidad es prácticamente imposible
establecer el número exacto de quienes se encuentran en esa situación
y donde se encuentran físicamente.
Un simple cálculo podría establecer un número mínimo,
entre 1992 y 2003 ingresaron a la Argentina 504.000 posibles inmigrantes,
se otorgó en el mismo período un promedio de 13.187 radicaciones
anuales en consecuencia han quedado en situación ilegal 345.000
personas, que interpolando cifras de posibles atrasos podría
elevar a la cifra de más de 750.000 los irregulares que se encontraban
al momento de la asunción del actual gobierno.
A esta magnitud numérica no la disminuye, apreciablemente, las
130.000 radicaciones realizadas por esta gestión.
Toda esta situación en que se colocaba a quienes tenían
“leal voluntad de honrado arraigo” también repercute
en el organismo social.
La participación de indocumentados en el mercado del trabajo
genera que el ingreso a los puestos de trabajo sea en negro y por el
valor de su remuneración y no por su idoneidad.
Un indocumentado provoca inevitablemente una baja salarial.
Sus actividades no generan tributo alguno a la sociedad, solo genera
riqueza para la economía informal.
Un solo dato estadístico, un contribuyente monotributista aporta
al Estado como mínimo por año la suma de $ 1000.- un indocumentado
cero pesos.
Un trabajador regularizado aporta a la economía nacional, a través
de los descuentos de sus remuneraciones, sumas mucho mas importantes.
Un indocumentado sólo puede recurrir a la salud pública
recargando los costos de la misma cuando, a través de su regularización,
podría aliviar los costos estaduales utilizando otras estructuras
de atención de la salud, obras sociales, salud privada etc.
Hay dos aspectos que hacen recomendable bregar por la desaparición
de sectores de la población indocumentados. El primero que hace
a la esfera de los Derechos Humanos, la forma de destruir la personalidad
de un individuo es atacar su propia identidad, la falta de documentos
identificatorios genera la marginalidad y la desigualdad exponiendo
al ser humano a todas las formas de degradación.
El segundo hace al organismo social en cuanto a su seguridad, en todos
sus aspectos, social, laboral, etc., ningún plan en esta área
puede funcionar efectivamente cuando sectores de la población
integran un ejercito blanco conformado por N.N:
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